La dopamina, el pecado y otras drogas fuertes
La Dopamina y la tentación
La Dopamina es un mensajero químico que funciona de acuerdo a nuestras experiencias creando conexiones neuronales (sinapsis) que influyen mucho en nuestra manera de percibir y responder ante estímulos, siendo muy importante en procesos de bienestar, pero puede jugarnos una mala pasada si no esta bien ajustada. Este neurotransmisor se dispara justo antes de obtener algo que percibimos como deseable, apetecible, codiciable, como por ejemplo, ver un provocativo pastel, una persona que nos resulta atractiva o, sin ir muy lejos, escuchar el sonido de la notificación de las redes sociales; inmediatamente se activa un mecanismo de recompensa que nos impulsa a obtener el objeto tentador
Dice el Proverbios 23:31-35: "No mires el vino cuando rojea y lanza destellos en la copa, porque fluye suavemente, pero al fin muerde como una serpiente, pica como una víbora. Tus ojos desearán la mujer ajena, y tu corazón hablará cosas perversas, y serás como el que está acostado en alta mar, como el que duerme en el cabo de un mástil, y dirás: me han golpeado y no me ha dolido, me han sacudido y no lo he sentido, en cuanto despierte, volveré a pedir más"
Acá vemos cómo "el vino que rojea" representa la tentación, aquello que percibimos deseable. Si tu persistes en esa tentación, podrás saciarla fácilmente, se te va a dar, pero llega un punto que te envenenará tu alma al punto de desear cosas perversas, codiciar cosas que no te pertenecen o te hacen daño y tu capacidad de voluntad estará tan anesteciada o golpeada, que el daño que te causa lo olvidarás como en un proceso de disociación, tu consciencia estará anesteciada o dormida y volverás a querer más y más, ya que se activó un proceso de adicción, querrás una mayor recompensa: un nuevo shot de dopamina.
Puede suceder también que la tentación se ha hecho sumamente insistente, en este caso, la voluntad dice que no, porque está firmemente arraigada en principios superiores, pero se ve debilitada al ser al ser ejercida y exitada con repetición. Tal es el caso de Sansón y la insistencia de Dalila (Jueces 16:15-19). Por eso es que la Biblia aconsejó antes que la neurociencia: ¡Huid!, "Salid de en medio de ella pueblo mío" (1Corintios 6:18); y José (Yosef) lo sabía muy bien, por eso ante el insistente acoso de la mujer de Potifar, él huyó, ya que al negarse varias veces ante la inisistencia de aquélla mujer, su voluntad había sido debilitada, pero al huir pudo ser fiel a sus principios y a Su Dios.
Al "huir", cortamos con el estímulo, y se le da descanso a la dinámica química de la Recompensa, en la que la Dopamina se hace protagonista.
Proceso de Regulación y
Reprogramación Neuronal:
Espíritu, Alma y Cuerpo irreprensibles
Buscamos entonces un lugar seguro de regulación, y una verdad que no ha sido velada por los "atributos" de aquello que nos tienta.
Es por ello que la oración, la meditación y la contemplación de nuestro Dios, ese proceso de concentración en Él nos reprograma y regula, porque va quitando los velos del "encantamiento" que produce la Dopamina, y nuestro centro de voluntad es fortalecido, ya que estamos estableciendo nuevos caminos neuronales beneficiosos, diciéndole al cerebro que preferimos la Paz, seguridad y validación de la fuente permanente y estable que es Nuestro Padre, pues en este proceso se liberan hormonas como la Oxitocina y Endorfinas, ligadas a una recompensa a largo plazo y duradera, y no a una inmediata como la Dopamina. Lo mismo con la disciplina del ayuno, en la abstención de cosas deleitosas que disparan la dopamina (dulces, azucares, redes sociales), estamos fortaleciendo nuestra voluntad.
Esto, debido a que si la recompensa que obtenemos está por debajo de nuestras espectativas, es decir, lo que el "shot" de dopamina anticipaba, se hace un reajuste y el deseo mengua, se calma. Pero si la recompesa nos gusta mucho y es fácil de obtener (fluye suavemente prov 23:31), el sistema y la dinámica nociva son reforzados (proverbios 23:32) para querer más y más (en cuanto despierte -de la anestecia de la recompensa- volveré a pedir más (prov 23:35), ya a este punto se ha llegado a la adicción (dulces, juegos de azar, relaciones tóxicas, entre otras drogas, etc), y se necesita algo más que fuerza de voluntad para salir del ciclo.
En el caso de las relaciones afectivas, si ha habido una relación tóxica con apego traumático, la química cerebral se ha acostumbrado a esa dinámica, por lo que se asocia el abuso, la intermitencia, la distancia y el desinterés con amor y la hormona se dispara ante tales situaciones. El Padre en su labor de amor hace una reprogramación y un recableado neuronal, activando la neuroplasticidad con experiencias nuevas y buenas junto a Él, monitoreadas por Él mismo, introduciéndonos en un proceso de sanidad, regulando todo ese sistema químico y neurológico del cerebro, trayendo también sanidad al cuerpo, al alma y espíritu, porque somos un ser integral conectado en todas sus partes. Mostrándonos con Su verdad nuestra verdadera identidad y valor y desenmascarando la oscuridad, toxicidad y las banderas rojas que debemos rechazar a toda costa, enseñándonos el autocuidado, basándonos en Su Palabra y el discernimiento y avisos que nos da Su Santo Espíritu, afinando nuestros sentidos para que podamos Huir del lobo disfrazado de oveja, y de la mujer extraña de la que habla proverbios, quien también personifica al mundo y sus atractivas trampas mortales.
De esta manera nuestra corteza prefrontal, la cual es encargada de la voluntad, planes a futuro y lo que nos conviene, es fortalecida.
No en vano la Escritura nos enseña que nuestra batalla es en la mente, porque implica un conflicto neuronal intenso entre lo que el impulso de dopamina nos marca como nuestro deseo ahora (aunque sea dañino) y la fuerza de voluntad para decir NO, ésto no me conviene, no agrada a Mi Padre. Y este conflicto vimos que existió dentro de Pablo (Shaúl), como nos narra en su carta a los Romanos (7:19-25)
Es por ello que debemos reentrenarlo y fortalecerlo en la Presencia del Padre, quien nos aclara con Su Verdad, nuestro sistema de creencias y nos regula los procesos químicos que participan en la toma de decisiones y así poder decidir BIEN.
Nuestro Creador es el Único que verdaderamente puede liberar de las adicciones, solo en Su Presencia, concentrándonos en Él ya que el sana lo más profundo de nuestro Ser y nuestra voluntad de decidir, la cual estuvo acostumbrada a perseguir como esclava, lo terrenal y lo inconveniente, ahora es redireccionada a buscar cosas mejores que sí sacian y con Recompensa Eterna. ♡
(Versículos clave: Proverbios 23: 31-35/ Génesis 39:7-11/ Jueces 16:15-19/ Romanos 7:19-25)
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